11 febrero, 2016

Delirium Tremens

Había bebido en exceso aquella noche, al igual que todas las precedentes. Cuando levanté la cabeza tras echar un sueñecito, el esqueleto todavía estaba allí, justo en frente de mí, echándose un tequila tras otro. Fumaba con la misma intensidad y el humo escapaba por el hueco de sus órbitas y por sobre la mandíbula.

Entonces concluí que había comenzado con el delirium tremens. Ya era hora. Tendría que habitar en un mundo lleno de espantajos como aquél. Mucho mejor que mi antiguo entorno. Había conseguido mi objetivo. Suspiré con alivio. El esqueleto me sirvió una ración de tequila, del que más me gusta. 

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